miércoles, 8 de febrero de 2012

Perfectamente imperfecta.

Tengo doscientos veinticuatro mil defectos, y si me pongo a contarlos pierdo la cuenta. No me vale que pienses que soy perfecta, sé que no lo soy ni lo seré, ¿pero sabes? tampoco quiero serlo, no es que vaya de diferente, es que me gusta ir de real, ser como soy y vivir en mi luna, perderme contando las estrellas en ella, y al volver, darme cuenta de toda la suerte que tengo. Mi estado anímico desciende de 100 a menos siete en menos de un segundo, pero tampoco pido que nadie me tenga que consolar en esos días. Soy cabezota, caprichosa, egoísta y a veces demasiado celosa, mis impulsos van a mil por hora, y a veces sin que tú te des cuenta… Sé que debo cambiar algunas cosas, tal vez lo haga cuando madure, crezca y me arrepienta de las tonterías que he hecho durante mi adolescencia, pero de momento, no me arrepiento de nada, además, dicen que no es bueno recordar malos momentos, solo hay que intentar mejorarlos. Conmigo nada es fácil, he conocido el amor y el desamor, y los dos duelen por igual, a veces me gustaría no ser tan enamoradiza, pero ya he dicho que tengo doscientos veinticuatro mil defectos, así que ya lo tengo asumido. Me suelo hacer líos por nada, soy muy desconfiada y veo cosas donde no las hay, y por desgracia cada día que pasa, soy más celosa y posesiva, pero supongo que esto sólo serán síntomas de que te quiero, aunque no sé si es normal que de siete días de la semana, yo te quiera ocho. Soy de aquellas que sabe dejar mal a la primera de cambio, que a veces me paso al contestar, pero que me quedo con la sensación de haber dejado las cosas claras. No me gusta ser un segundo plato, y si lo soy, me voy antes del postre. Suelo ser transparente, mi cara lo dice todo y a veces querer disimular con una sonrisa no es suficiente, la verdad es que siempre voy con sinceridad por delante, mentir lo justo, que si es grave me paso noches sin dormir, no fallo a mis amigas, y si alguna vez lo he hecho, al menos he pedido perdón. Por suerte no soy orgullosa, sé cuando he cometido un error, e intento arreglarlo. Paciencia no me falta, menos cuando bebo Coca-Cola, que me vuelve loca, casi tanto como tú. Mis amigas dicen que cada vez soy más cariñosa, y creo que tienen razón, porque aunque quiera hacerme la dura, necesito mimos constantemente. Me encanta ir a comprar, me lo compraría todo, y odio esos días donde nada te gusta y lo ves todo mal. Todas las noches te echo de menos en mi cama, y como solución, me pongo a escuchar música en mi iPod y me imagino un mundo perfecto que supera el nivel de idiotez. A veces de buena soy tonta, intento arreglar problemas que ni siquiera son míos. Me emociono muy fácilmente y mis lágrimas son de salida rápida. Siempre perdono, tengo a las mejores personas a mi lado, y cuando quiero a alguien, le quiero de verdad, con el corazón, aunque normalmente me suelo equivocar de persona. Soy de aquellas que piensan que si alguien es para ti, lo será para siempre, y si pasa algo, es que nunca fue el tuyo. Soy el pañuelo de lágrimas de aquellos que se derrumban, me hago la sorda solo para no oír lo que no quiero escuchar y la ciega para no ver lo que verdaderamente me duele, aunque al final siempre acabo diciendo lo que siento. Sin querer, suelo pagar mis malos días con las personas que menos se lo merecen, de vez en cuando, me quedo hasta las tantas en frente del portátil hablando con él aunque a la mañana siguiente haya que madrugar, me encanta reír y normalmente tengo ataques contagiosos de risa tonta y fácil. Adoro ver películas y creer que esas historias pueden pasar, escuchar canciones e imaginar que me las has escrito para mí. Me gusta soñar despierta, pensar en el futuro y hacer planes, aunque al mismo tiempo creo que es una tontería intentar crear una historia con dieciséis años porque todo en esta vida es mucho más inesperado de lo que pensamos. Creo en las casualidades y sé que al final, siempre hay que dar las gracias y pensar en positivo. Puede que lo que escriba te aburra más de lo normal o puede que sientas algo al leerlo, puede que te caiga bien y que seas como yo o que me odies, pero la verdad es que me encanta ser así y tener doscientos veinticuatro mil defectos que a la vez se compensan con una gran virtud; ser perfectamente imperfecta.

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